Anurag Kashyap se mostró crítico con la industria cinematográfica india por la limitada asignación de funciones a las películas nacionales en comparación con los títulos hollywoodenses. En particular, cuestionó que sus filmes, incluyendo Bandar, y otros como Main Vaapas Aaunga, recibieran menos espacios en cartelera que la película inglesa Obsession.

Sin embargo, su argumento pasa por alto una realidad fundamental: los exhibidores asignan funciones basándose en la demanda del público y la rentabilidad. La preferencia de los espectadores determina cuántos pases se otorgan a cada película, pues buscan maximizar sus ingresos. En este sentido, Obsession ha tenido una mejor recepción y taquilla que las producciones nacionales mencionadas.

Kashyap también parece desconocer que la distribución inicial de funciones se ajusta tras el estreno en función de la respuesta del público. Si una película no logra llenar la sala, es común que los exhibidores reduzcan sus presentaciones para dar espacio a títulos con mayor convocatoria. Por lo tanto, aumentar automáticamente las funciones de una película que no ha funcionado comercialmente no garantizaría mejores resultados.

Las quejas del cineasta reflejan una percepción errónea sobre la dinámica exhibidora y una subestimación del rol que juega la audiencia en este ecosistema. La asignación de funciones no es un acto de favoritismo hacia Hollywood, sino un reflejo de la aceptación que tienen los filmes ante el público. En consecuencia, Kashyap debería contemplar que el éxito comercial y la calidad son factores clave para que los exhibidores decidan la programación, más allá de criterios nacionales o industriales.