El auge global de Nollywood enfrenta un obstáculo creciente en la obtención de canciones populares de Afrobeats para sus bandas sonoras. Según Dammy Twitch, director y cineasta, el problema no solo es económico, sino que se debe a que los músicos ya no controlan totalmente los derechos de sus propias canciones. Esto complica la negociación para el uso de estos temas en las producciones cinematográficas.

Dammy Twitch explicó que los derechos quedan en manos de sellos discográficos, editoras o socios corporativos, debido a contratos de publicación, distribuciones y anticipos monetarios. Así, aunque un cineasta quiera incluir un hit en su filme, muchas veces no puede porque la licencia está condicionada por acuerdos comerciales previos. Incluso las relaciones personales con los artistas no facilitan el acceso a esas canciones.

Esta situación afecta especialmente a los productores independientes que no disponen del presupuesto para costear las licencias de los éxitos más cotizados. En cambio, los grandes estudios, con recursos más amplios, todavía pueden tramitar esos permisos, aunque bajo circunstancias financieras restrictivas. En consecuencia, la colaboración entre músicos y cineastas se vuelve cada vez más complicada en la industria nigeriana.

Dammy Twitch destacó que esta realidad provoca una brecha notable entre el cine y la música, cuando antes era común que artistas y cineastas trabajaran juntos sin tantas barreras. La pérdida del control artístico y comercial de los músicos sobre sus canciones limita el intercambio cultural y musical que solía enriquecer al cine local.

Este desafío se presenta en un momento clave para Dammy Twitch, quien después de su trayectoria como director de videos musicales, se introduce en el cine de ficción con su primera película, Call of My Life. Producida por Bluhouse Studios, es una comedia romántica protagonizada por Uzoamaka Power, Zubby Michael y Andrew Bunting. El filme narra la historia de Soluchi, una agente de centro de llamadas enfrentada a las secuelas de un desamor.