Supergirl se convirtió en un símbolo del desgaste del cine de superhéroes tras registrar un desplome en taquilla que ha sorprendido a la industria. En España, la película cayó rápidamente de la tercera a la quinta posición en sólo una semana y sufrió una pérdida de espectadores cercana al 63%, sin alcanzar siquiera el millón de euros en recaudación. A nivel global, la cifra de 130 millones de dólares representa un fracaso económico en un mercado que exige enormes retornos para ser viable.

Este declive no es un fenómeno aislado. Aunque durante la década de 2010 los filmes de superhéroes dominaban Hollywood y garantizaban ingresos multimillonarios, la saturación de historias y personajes parece haber minado su atractivo. Mientras que franquicias anteriores lograron fidelizar audiencias fuertes gracias a un vínculo claro con sus protagonistas, las nuevas generaciones de héroes no han alcanzado el mismo carisma o tiempo para consolidarse en el público, lo que afecta directamente su rendimiento en salas.

El punto máximo de esta era fue Avengers: Endgame, que acumuló casi 3.000 millones de dólares y cerró una etapa narrativa. Desde entonces, películas como The Marvels, Eternals, The Flash o Blue Beetle han reflejado un terreno más inestable para el género. Dos factores principales explican esta transición: la sobreabundancia de contenidos vinculados a universos extensos y la complejidad para que los espectadores ocasionales sigan las tramas, así como los crecientes costos de producción y marketing, que superan los 250 millones de dólares por película.

En la actualidad, para cubrir gastos y comenzar a generar ganancias, una película de superhéroes debe superar una recaudación que ronda los 600 a 700 millones de dólares, cifra que se dificulta alcanzar debido a la pérdida del público masivo y al aumento de la competencia con otras formas de entretenimiento. Esta realidad ha puesto en jaque los modelos tradicionales de Hollywood que apostaban fuertemente por el género.