“Remake” es un documental que entrelaza la historia de Adrian McElwee, su infancia, sus sueños y la lucha contra la adicción que terminó con su vida, con imágenes íntimas filmadas por su padre, el reconocido documentalista Ross McElwee. La película utiliza extractos de trabajos anteriores y material inédito para construir un relato impregnado de cercanía y contradicción sobre la vida real y la representación cinematográfica.

El filme inicia mostrando a Adrian en su niñez, un niño alegre que disfrutaba de actividades simples como pescar y jugar con su hermana pequeña, incluso se presentan escenas de su infancia tomadas del documental previo de su padre “In Paraguay” (2008). Sin embargo, conforme avanza el metraje, emerge la figura de un joven adulto cada vez más desorientado y vulnerable, inmerso en un entorno que lo empuja hacia la depresión y la adicción.

Un eje fundamental del documental es la reflexión crítica sobre el rol de la cámara en la vida de Adrian. Se incluyen fragmentos de “Sherman’s March” (1985), donde Charleen Swansea rechaza el método del cineasta señalando que la cámara puede ser invasiva y hasta hostil. Esta tensión se repite en “Remake”, poniendo en tela de juicio si la obsesión por filmar la vida familiar aceleró o influenció la tragedia de Adrian.

El documental explora también la incomodidad que algunas personas sienten ante la cámara. Ross McElwee documenta esta resistencia a lo largo del tiempo: su primera esposa aceptó ser filmada hasta cierto punto, luego rechazó y se separaron; su segunda esposa no permitió mostrarse en cámara; y su hija adolescente también optó por mantenerse fuera del lente debido a experiencias traumáticas relacionadas con la adopción.

De manera cruda y pausada, “Remake” expone momentos clave como la intervención de Adrian en un festival de cine, donde expresa su cansancio respecto a ser el objeto de las películas de su padre, o escenas que muestran su consumo de drogas y aislamiento. A través de estas imágenes, la cinta no solo documenta una vida desequilibrada sino que también propone un diálogo sobre las responsabilidades y límites éticos del documentalista cuando la cámara se convierte en parte de la dinámica familiar.