El origen del proyecto cinematográfico que impulsa Eva Libertad surge de una comunicación íntima: los correos en los que su hermana sorda compartía sus temores frente a la maternidad. Aunque Eva inicialmente pensó en otro enfoque para el corto, se redirigió al revelar que nunca había considerado ese miedo particular desde la perspectiva de una mujer sorda.

Tras la realización del corto Sorda, llegó el reconocimiento inesperado a nivel regional, lo que permitió acceder a ayudas para ampliar el proyecto hacia un largometraje. El impacto en la audiencia demostró que contar la historia desde la experiencia de personas sordas y sus emociones tenía un valor social y artístico significativo.

Para centrar su narrativa, Eva recurrió a una técnica personal poco convencional: escribir una carta de motivación dirigida a sí misma, buscando definir con claridad qué historia quería contar y su razón de ser. Así encontró el núcleo luminoso de la historia: el vínculo complejo y profundo entre una pareja compuesta por una persona sorda y otra oyente en el proceso de convertirse en padres.

Eva Libertad enfatiza que, a pesar del amor que exista entre dos personas, hay fronteras insuperables en la comunicación y la experiencia vivida. Para enriquecer la historia, recopiló abundante documentación sobre la maternidad en mujeres sordas, abordando, por ejemplo, la dificultad de un parto rodeado de personas con quienes no se puede establecer una comunicación completa.

Su investigación se extendió al arte y la cultura sorda, buscando más allá de una mirada clínica o reduccionista. Su intención no era elaborar un ensayo sobre sordera, sino permitir que el cine filtrara y transformara esas vivencias en una experiencia audiovisual que transmita múltiples capas de significado.

Eva adopta una visión enigmática y realista sobre los personajes, alejándose de planteamientos simplistas. Reconoce que las personas son multicausales y que no existe una lógica absoluta que explique por completo sus actos. Este enfoque le permitió aceptar que su protagonista sorda podría no caer bien y que el personaje oyente resultara más amable, respetando el derecho de todos a tener complejidades y contradicciones en su carácter.

Así, la cineasta propone una obra que explora la maternidad desde una mirada sensible e innovadora, que abre puertas a una cultura muchas veces invisibilizada, y que se sostiene en la autenticidad de sus personajes y la riqueza cultural del colectivo sordo.