María Schwinning ha irrumpido con fuerza en el cine español gracias a sus interpretaciones en los filmes La madre muerta y Mala bèstia, obras que exploran temáticas oscuras y complejas vinculadas al despertar adolescente y las tensiones familiares.

En La madre muerta, dirigida por Juanma Bajo Ulloa, Schwinning da vida a una joven desorientada que sufre una enfermedad congénita, pero cuyo verdadero conflicto surge de su difícil vínculo con su madre, una periodista. Para el papel, aprendió a tocar el handpan, un instrumento de sonido único que añade una atmósfera especial al personaje y a la narración.

Por otro lado, en Mala bèstia, dirigida por Bàrbara Farré, encarna a Atenea, una niña criada en un orfanato que, al ser acogida por una familia, enfrenta el temor al rechazo debido al embarazo de su madre adoptiva. La película, galardonada con el Premio Dama Agustí Villaronga a la mejor película nacional en el Atlàntida Mallorca Film Fest, emplea la figura mitológica del nombre para profundizar en las contradicciones internas de la protagonista que busca su identidad y aceptación.

María confiesa que, al igual que Atenea, ella también lidia con su identidad, especialmente con la pronunciación de su apellido de origen alemán, que requiere aclaraciones durante las entrevistas. Para la actriz, este proceso de exploración emocional y de búsqueda de orgullo personal ha sido fundamental para dar vida a sus personajes.

El debut en largometraje de Bàrbara Farré se inspira en relatos tradicionales y usa metáforas como lobos y un bosque oscuro, así como imágenes como la Caperucita roja en su transición a la adolescencia. La directora, conocida previamente por sus cortos y videoclips para artistas como Rosalía, Najwa Nimri y Amaia, propone una mirada renovada sobre la adolescencia femenina cargada de tensión y simbolismo.

En palabras de María Schwinning, estos cuentos tradicionales funcionan como un canal para transmitir emociones complejas y conectar generaciones, especialmente para temas difíciles que suelen quedar invisibilizados. La actriz también se identifica con la reflexión introspectiva de Atenea sobre la condición de mujer, consciente de las presiones sociales implícitas en dicho rol.