La última edición del Festival de Cine de Cannes evidenció un cambio palpable en su tradicional esplendor, marcado por una significativa disminución en la participación de los grandes estudios de Hollywood y una atmósfera más reservada en la Riviera Francesa. La subida del euro frente al dólar y otras presiones económicas restringieron claramente la presencia de los principales protagonistas, dejando un evento con menor brillo y menos ostentación que en años anteriores.
A diferencia de pasadas ediciones donde grandes producciones de altos presupuestos marcaban tendencia, este año predominó la sencillez. Destacó la ausencia de eventos fastuosos, con hoteles de cinco estrellas ofreciendo descuentos sustanciales a último momento y fiestas de lujo notablemente reducidas, como la cena poco memorable organizada por Vanity Fair. Entre las estrellas, Scarlett Johansson no asistió a la premier de su película independiente “Paper Tiger”, ni siquiera respondió a un llamado por FaceTime del director James Gray durante la ovación.
La programación reflejó la menor inversión de los grandes estudios, con Universal como la excepción al transportar un pequeño equipo para la celebración por los 25 años de “The Fast and the Furious”. Las compañías independientes y especializadas también optaron por delegaciones reducidas y mayores controles de gastos. Un ejemplo claro fue la experiencia de un comprador que tuvo que trasladarse a un apartamento pequeño cerca de la estación de autobuses para ver una película, con los cineastas cediendo incluso su espacio para la proyección.
Los equipos de relaciones públicas optaron por alojamientos compartidos en Airbnbs, una práctica inusual en la fastuosa tradición del festival. Las fiestas posteriores a las premieres indie mostraron un marcado contraste con los años dorados, ofreciendo bebidas de bajo costo y escasa comida, como la anecdótica circulación de una sola bandeja de hamburguesas que se convirtió en mito entre los asistentes. En paralelo, algunos eventos en la playa dedicados a influenciadores y patrocinados por marcas mantuvieron el nivel con bebidas premium y aperitivos selectos, aunque en conjunto el festival perdió aquel glamour habitual.
