El Festival de Cine Africano de Tarifa-Tánger (FCAT) cerró su vigésima tercera edición con la entrega de premios a las mejores producciones, pero resaltó también el valor que representa simplemente haber vivido una semana entre cineastas y profesionales del sector. La proyección de Cotton Queen, primer largometraje de ficción dirigido por una mujer en Sudán, marcó un momento especial del encuentro, pues la película no pudo estrenarse en su país por la ausencia de salas en funcionamiento.
Suzannah Mirghani, directora de Cotton Queen, compartió su experiencia al ver su obra proyectada en festivales internacionales como Venecia, Tesalónica y Tarifa. Esta película presenta tres generaciones femeninas —abuelas, madres y nietas— y plantea un diálogo simbólico entre el pasado escogido y un futuro elegido, reflejando una mirada esperanzadora hacia el porvenir.
En paralelo, el festival puso en valor la necesidad de ampliar la difusión y el conocimiento del cine africano en España, un país vecino al continente y que, sin embargo, carece de una presencia cultural sólida en este ámbito. Durante la presentación del libro Una Introducción a los cines africanos, sus autores José Antonio Jiménez y Juciele Oliveira debatieron sobre las causas de esta ausencia, que incluye la limitada crítica especializada y la tendencia a generalizar las diversas cinematografías del continente bajo un solo término.
La diversidad del cine africano quedó reflejada también en una sesión centrada en las islas del océano Índico, con la participación del jurado internacional Mohamed Saïd Ouma y la cineasta Kuro Mi. Ouma resaltó la experiencia de mirar África desde una isla, un lugar que representa márgenes e insularidad, mientras Kuro Mi destacó la carencia de apoyos institucionales y la necesidad de redes para los creadores independientes, recordando que ha realizado varios cortos con recursos limitados.
