Una escena clásica para cualquier jugador de Dungeons & Dragons (D&D) es la reunión de un grupo diverso, con personalidades y motivaciones opuestas, sentados alrededor de una mesa definiendo el destino del mundo. Esta situación no solo ocurre en las mesas de juego, sino que se repite en numerosos animes de fantasía, demostrando una relación histórica entre ambos mundos.

El origen de esta conexión se encuentra en Record of Lodoss War, un anime que surgió directamente de una sesión real de D&D jugada en Japón en la década de 1980. Esta partida fue narrada como un "Replay" en una revista, que posteriormente se adaptó a un manga, luego a una serie original de video (OVA) y finalmente a una serie animada. Por tanto, en lugar de ser simplemente inspirado en D&D, Lodoss War es una campaña de D&D convertida en anime, lo que explica por qué la estructura narrativa de estos juegos de rol se refleja tan bien en la mayoría de los animes de fantasía.

Esta estructura suele incluir un grupo de aventureros con roles definidos como guerrero, mago, clérigo o ladrón, que parten en una misión modesta pero terminan enfrentándose a la salvación del mundo, con encuentros que desarrollan su trasfondo y relaciones. En esencia, la narrativa del RPG y del anime coinciden como formas de contar la misma historia en medios distintos.

Además, ciertas series capturan con precisión la dinámica real de un grupo de jugadores, no solo los personajes dentro de la historia. Konosuba ejemplifica este fenómeno con su grupo disfuncional, decisiones erráticas, planes que terminan en desastre y personajes cuya utilidad práctica es cuestionable, en una sátira que refleja la experiencia común de muchas mesas de D&D sin mencionarlo explícitamente.

Por otro lado, animes como Grimgar: Ashes and Illusions ofrecen una visión más realista y dura del juego, mostrando cómo matar a un enemigo puede ser agotador, traumático y consumir recursos escasos. Los personajes sufren hambre, miedo y enfrentan errores con consecuencias fatales, una experiencia propia de campañas que buscan transmitir a los jugadores el peso de cada decisión y que raramente se sostienen prolongadamente.

Esta interacción entre anime y rol de mesa no solo es unidireccional; los maestros de juego también han encontrado en el anime material valioso para mejorar sus partidas. Goblin Slayer, por ejemplo, es casi un manual de estrategia táctica. Su protagonista no destaca por ser más fuerte, sino por su capacidad para usar el entorno, crear trampas e inventar soluciones con recursos limitados, enseñando cómo plantear desafíos que requieran más pensamiento que fuerza numérica.