El Festival de Cine Africano de Tarifa (FCAT) llega a su 23ª edición consolidado como el único certamen cinematográfico transfronterizo entre Europa y África. Desde su creación en 2004 por Mane Cisneros, conocida como Mamma África, esta iniciativa ha logrado poner el cine africano en un lugar destacado dentro de la cultura andaluza y del ámbito internacional.
En los últimos años, la percepción sobre el cine africano ha cambiado substancialmente, como lo demuestran los recientes reconocimientos a producciones ruandesas. La directora Clémentine Dusabejambo obtuvo el premio FIPRESCI en el prestigioso Festival de Cannes con su película Ben’Imana, convirtiéndose en la primera obra ruandesa en competir en ese escenario.
Asimismo, en el propio FCAT, la película Father’s Day, del cineasta ruandés Kivu Ruhorahoza, recibió el premio a Mejor Largometraje hace dos años, reafirmando el festival como una plataforma fundamental para nuevas voces del continente africano.
Después de más de dos décadas, el festival celebra además el legado de su fundadora, que dejó la dirección en 2025, en un acto lleno de emotividad por parte de cineastas, organizadores y público, quienes destacaron su visión colectiva y el énfasis en “el nosotros” frente al individualismo.
En paralelo, el FCAT mantiene su compromiso con los encuentros de palabra y las expresiones culturales más allá del cine. Este año, el espacio Entrelíneas en Tánger reunió a escritores como Mohamed Serifi-Villar y Driss Bouissef-Rekab Luque, que aportaron testimonios y poesía reflejando la compleja historia compartida entre ambas orillas del Estrecho, un intercambio enriquecido además por la participación de la actriz Cayetana Guillén Cuervo.
Complementando este diálogo, la iniciativa El Árbol de las Palabras contó con la presencia de Silas Tiny, director de cine de Santo Tomé y Príncipe, y Remei Sipi Mayo, escritora y directora de teatro de Guinea Ecuatorial, quienes enfatizaron el valor de las lenguas originarias y su libertad de expresión, una cuestión especialmente sensible para artistas provenientes de contextos de represión lingüística.
El FCAT continúa consolidándose como un espacio de encuentro cultural y artístico, donde el cine se cruza con la memoria, la literatura y la reivindicación social, cimentando un puente sólido entre África y Europa que trasciende fronteras físicas y culturales.
