Bikas Ranjan Mishra tardó casi diez años en lanzar su segundo largometraje, un tiempo marcado por reflexión y compromiso creativo. Después de su debut en 2016 con “Chauranga”, que abordó la violencia de castas, presentó “Bayaan”, un thriller que investiga las sombras de un falso gurú y la lucha de un policía por hacer justicia. Esta película se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Toronto y también se proyectó en Busan, con planes de ser parte del SXSW London en 2026.
La espera para concretar “Bayaan” no fue casual. Mishra decidió no dirigir ningún otro largometraje hasta dar forma a esta historia que lo consumió desde que comenzó su escritura en 2017. A pesar de diversas oportunidades para dirigir proyectos encargados, prefirió mantener la visión intacta y concentrarse en esta narrativa particular, consciente de que trabajar en la industria conlleva obstáculos creativos y económicos. Paralelamente, continuó escribiendo guiones para otros mientras avanzaba la producción.
“Bayaan” toca un tema delicado en el contexto social y político actual: la instrumentalización del poder y la fe por parte de individuos que se hacen pasar por líderes espirituales, con consecuencias que impactan a comunidades y víctimas vulnerables. Más allá de la denuncia, el filme plantea preguntas sobre las instituciones, la credulidad colectiva y la justicia. Mishra no temió abordar el tema, aunque encontró la reticencia de algunos productores y actores, quienes manifestaron inquietudes sobre la recepción y posibles controversias.
El director considera que la industria del cine no puede depender únicamente de grandes producciones comerciales. Las películas de presupuesto medio y pequeño son esenciales para diversificar el panorama y ofrecer historias que desafíen las percepciones convencionales. En su opinión, el cine debe ir más allá de reafirmar ideas y crear un espacio para la reflexión crítica, lo que contribuye a un diálogo cultural más rico y necesario.
A través de “Bayaan”, Mishra también destaca la importancia de los festivales de cine como plataformas vitales para dar visibilidad a proyectos independientes y temáticas complejas que, de otro modo, no encontrarían el espacio adecuado en circuitos masivos. La película se sostiene por el trabajo conjunto con la actriz Huma Qureshi y el productor Shiladitya Bora, quienes respaldaron una idea que desafía normativas y sensibilidades sociales.
