El lanzamiento del live action de Moana se convirtió rápidamente en el estreno más débil de todas las adaptaciones de Disney basadas en sus clásicos animados, de acuerdo con reportes financieros recientes. La película no logró captar la atención del público durante el fin de semana inicial, decepcionando a ejecutivos y analistas que pronosticaban un éxito en la taquilla.

A pesar de un lanzamiento estratégico en plena temporada veraniega, la película quedó por debajo de las proyecciones establecidas por Wall Street, lo que encendió alertas dentro de la compañía. Este resultado contrasta de forma notable con otros remakes exitosos como El Rey León, Aladdín y La Bella y la Bestia, que dominaron la pantalla global en años anteriores y generaron ingresos millonarios.

La producción contó con nombres destacados como Dwayne Johnson, que además de asumir nuevamente el papel del semidiós Maui, fungió como uno de los productores principales. También destacó la interpretación de Catherine Lagaaia como la heroína polinesia, bajo la dirección del experimentado cineasta Thomas Kail. Sin embargo, estos elementos no bastaron para atraer al público a las salas de cine.

Expertos atribuyen este fracaso a la saturación y posible fatiga de la propiedad intelectual. La película animada original se estrenó hace menos de una década, y su secuela animada apenas llegó a cines hace pocos meses. Esta cercanía temporal generó una sensación de redundancia, haciendo que el remake en acción real pareciera una repetición sin aportes artísticos suficientes para justificar su existencia en la cartelera.

Además, la competencia en la programación cinematográfica fue intensa, con múltiples estrenos de animación original y secuelas consolidadas que mantuvieron su atractivo. La propuesta de Moana no logró destacar en un mercado saturado, perjudicando su desempeño y aumentando el escepticismo respecto a futuras adaptaciones de Disney bajo esta fórmula.