Las películas de Steven Spielberg sobre encuentros con extraterrestres, desde “E. T. el extraterrestre” hasta “Encuentros cercanos del tercer tipo”, esconden una carga emocional profunda que va más allá del género de ciencia ficción. Su nueva producción sobre alienígenas y conspiraciones gubernamentales reafirma este interés personal por lo desconocido.

El cineasta ha comentado que la idea inicial de “E. T.” surgió tras la separación de sus padres. En ese momento de su adolescencia, Spielberg recurrió a la imaginación para sobrellevar el dolor, creando un amigo extraterrestre como punto de escape. Esta figura simbolizaba un vínculo afectivo y protección frente a la fractura familiar. Así, la película funciona como un retrato introspectivo que refleja sus necesidades emocionales.

El genesis de “Encuentros cercanos” también conecta con momentos clave de la vida del director, como la infancia compartida con su padre observando una lluvia de meteoritos. Esta experiencia marcó su interés por lo sublime y lo desconocido, y alimentó la esperanza de que las visitas alienígenas pudieran ser benevolentes, en contraste con la visión habitual de invasores amenazantes de la ciencia ficción.

En gran parte de la obra de Spielberg aparece el tema de la familia rota y la búsqueda de pertenencia. Películas como “El color púrpura” refuerzan ese impulso de sanar heridas emocionales, mientras que personajes como Indiana Jones muestran relaciones paternas complejas. Spielberg busca un sentido trascendente más allá de la fe tradicional, proyectando su anhelo en el cosmos, a través de los extraterrestres como metáfora.

Este enfoque íntimo y espiritual convierte a sus filmes sobre alienígenas en algo más que simples historias de ciencia ficción. Son reflexiones personales sobre la soledad, el anhelo de conexión y el intento de comprender un mundo que a menudo parece “torcido” o incomprensible, tal como simboliza la referencia a la rima infantil “There Was a Crooked Man”, que alude a la naturaleza humana y la complejidad del universo.