El estreno de la última entrega del universo cinematográfico de DC centrada en Supergirl sorprendió por su arranque moderado en taquilla, un contraste frente al éxito inicial de la reciente película de Superman. Aunque la producción buscaba consolidar una narrativa más compleja y oscura, la respuesta del público en salas ha sido más reservada de lo anticipado.
Dirigida por Craig Gillespie, la película intenta distanciarse de las fórmulas clásicas de superhéroes apostando por una estética de space opera y un tratamiento psicológico profundo de Kara Zor-El. La trama gira en torno a la heroína, que convive con el trauma de la destrucción de su planeta natal y que ahora emprende una misión espacial junto a una joven aliada para capturar a un villano mucho más crudo que los enemigos tradicionales del universo Krypton.
En términos económicos, la cinta recaudó cerca de 38 millones de dólares en Estados Unidos durante su fin de semana de estreno y alrededor de 68 millones a nivel global. Estas cifras están lejos de cubrir el presupuesto estimado en 170 millones de dólares, sin contar la fuerte inversión en marketing que acompaña a un proyecto de esta magnitud. El desempeño inicial revive las preocupaciones sobre la sostenibilidad financiera a corto plazo dentro del ambicioso plan de remodelación que James Gunn y Peter Safran diseñaron para la franquicia.
Desde Warner Bros., sin embargo, se resalta que Supergirl forma parte de un engranaje cinematográfico más amplio y estratégico. Peter Safran expresó confianza en la continuidad y evolución del universo DC, minimizando la urgencia de obtener beneficios inmediatos mientras se llega a una etapa más consolidada para la marca.
En cuanto al guion, escrito por Ana Nogueira e inspirado en la etapa de cómics de Tom King, la película enfatiza el contraste con Superman. Más allá de ser un símbolo puro de esperanza como Clark Kent, Supergirl representa una figura marcada por la pérdida y el dolor, lo que aporta una profundidad emocional y un tono más oscuro a la historia.
