El reconocido director Goro Taniguchi alertó sobre una transformación profunda en la industria del anime japonés, que responde a una sociedad inmersa en un entorno cada vez más transparente, controlado y “sanitizado”. Esta realidad influye no solo en los temas que se abordan, sino también en quiénes pueden crear y cómo se manejan las producciones.
Taniguchi explicó que la evolución del anime puede entenderse en ocho etapas y que actualmente se vive la séptima, marcada por un cambio social que redefine a los protagonistas y productores. Basándose en el concepto de “sociedad blanca”, acuñado por el sociólogo Toshio Okada para describir una cultura que prioriza la armonía superficial y desalienta comportamientos disruptivos, el director vinculó esta tendencia con la popularidad de narrativas centradas en héroes que evitan el conflicto y se adaptan al entorno, especialmente en géneros como el narou-kei y el isekai.
Además, Taniguchi advirtió sobre un modelo de producción que favorece creadores fáciles de manejar, capaces de reproducir fielmente materiales originales sin agregar propuestas propias. Este enfoque limita el espacio para la innovación y empuja a los talentos más ambiciosos a abandonar el sector. El debilitamiento de la tradicional estructura de aprendizaje, junto con la influencia creciente de los titulares de derechos, complique el papel de los directores y erosiona la cohesión creativa.
Para el director, este escenario ha llevado a una priorización de ganancias inmediatas y contenidos consumibles rápidamente, a costa de la expresión artística y la visión innovadora en el anime. En su mirada hacia la próxima década, la octava etapa, reconoció que aunque el anime ha alcanzado un reconocimiento global significativo, la industria nacional podría perder terreno frente a las producciones aceleradas de países como China y Corea del Sur.
Taniguchi estableció un paralelismo histórico con el ukiyo-e, arte japonés que influyó en Europa sin que Japón supiera capitalizar esa influencia, señalando que algo semejante podría ocurrir con el anime si no se desarrollan nuevas estrategias creativas y sociales.
No obstante, el director terminó su análisis con un matiz optimista, confiando en que el anime japonés mantendrá su futuro debido a aspectos propios de su identidad y evolución artística.
