En el marco del Festival de Cannes, Asghar Farhadi llega con “Parallel Tales”, un filme que examina los mecanismos de la narración y la delgada línea entre realidad y ficción. Rodada en Francia con actores como Isabelle Huppert y Vincent Cassel, esta película retoma una inspiración directa de “No amarás” (1988), obra del director polaco Krzysztof Kieślowski, y gira en torno a un joven obsesionado con una vecina, un telescopio para espiar y una serie de textos compartidos. La historia crea una trama donde los personajes se vigilan y engañan, tematizando cómo la imaginación construye y distorsiona la realidad.

A diferencia del filme español “Amarga Navidad” de Pedro Almodóvar, también en competición, que aborda la misma cuestión pero con humor, “Parallel Tales” se toma a sí misma muy en serio y evita cualquier resquicio cómico. Esta seriedad, además, no alcanza la profundidad psicológica que caracterizó los anteriores trabajos del director —especialmente los galardonados con Oscars—. Esto revela las limitaciones del filme, que si bien ofrece momentos de entretenimiento, acaba derivando en un discurso solemne que retarda el ritmo y expone una obra menos contundente dentro del repertorio de Farhadi.

“Parallel Tales” continúa la línea de películas que Farhadi ha realizado fuera de Irán, como “El pasado” y “Todos lo saben”, y en las que parece perder parte de la fuerza narrativa que le definió en su cine doméstico. La película destaca por su estructura elaborada y su juego con la fabulación compulsiva, pero se prolonga en solemnidad sin encontrar el equilibrio necesario para sostener el interés durante su duración.

El filme pone en escena la forma en que la ficción y la realidad se contaminan mutuamente, sugiriendo que la imaginación puede ser tanto reparadora como peligrosa para quienes la crean o la consumen. Esta reflexión se desarrolla a partir de intrigas y suspicacias entre los personajes, pero a veces el relato resulta más tedioso que cautivador, sobre todo para quienes esperan el vigor narrativo que Farhadi mostró en sus obras previas.

La participación de figuras reconocidas del cine europeo y la inspiración declarada en una obra clásica de Kieślowski marcan un punto de encuentro entre dos tradiciones cinematográficas distintas, aunque con intenciones artísticas similares: desmenuzar el proceso de contar historias y sus efectos en las vidas y percepciones humanas.