El Festival de Cannes surgió como una respuesta clara contra la manipulación y el control que los regímenes fascistas de Adolf Hitler y Benito Mussolini ejercían sobre el cine en Europa. La influencia autoritaria de estos líderes no solo imperaba en la política y la sociedad, sino que se extendía al mundo audiovisual, donde el cine era una poderosa herramienta para moldear ideologías.
La chispa que dio origen a Cannes se encendió en el Festival de Cine de Venecia, fundado en 1932 como el primer festival internacional de cine y, en sus primeros años, convertido en una plataforma usada para la propaganda fascista. En 1938, bajo la presión directa de Hitler y Mussolini, películas con mensajes libres o críticos como La Grande Illusion de Jean Renoir fueron vetadas, mientras que obras propagandísticas como Olympia, de Leni Riefenstahl, recibían premios clave como la Copa Mussolini.
En protesta contra esta parcialidad y la interferencia política, miembros del jurado provenientes de Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña decidieron retirar su participación, reflejando además el clima tenso que antecedía la Segunda Guerra Mundial. Fue entonces que Francia tomó la iniciativa de fundar un festival cinematográfico alternativo en Cannes, diseñado para ser un espacio más libre y democrático para la expresión artística.
El Festival de Cannes estaba programado para iniciar el 1 de septiembre de 1939, en una ciudad conocida por atraer a la aristocracia y a turistas de élite, lo que lo hacía un escenario ideal para este evento. Sin embargo, el mismo día en que comenzaba, Alemania invadió Polonia, marcando el inicio formal de la Segunda Guerra Mundial y frustrando la realización del primer certamen.
A pesar de ese obstáculo, el impulso detrás del festival permaneció firme y su legado se consolidó como un símbolo mundial de resistencia cultural frente a la censura y el control autoritario. Cannes se convirtió en un espacio donde la libertad creativa tiene prioridad y que celebra la diversidad de voces en el cine internacional.
