El Festival de Cannes abrió un espacio histórico para el cine africano al incluir en su selección oficial dos debutantes procedentes de industrias cinematográficas emergentes del continente: Ruanda y la República Centroafricana (RCA). Los filmes “Ben’Imana” y “Congo Boy”, dirigidos por Marie-Clémentine Dusabejambo y Rafiki Fariala respectivamente, representan el estreno oficial de estos países en la sección Un Certain Regard, destacando relatos íntimos vinculados a conflictos y resiliencia.
“Congo Boy” refleja la experiencia personal de Fariala, un joven músico congoleño que busca cumplir su sueño como cantante en un contexto marcado por la guerra civil. Rodada íntegramente en Bangui, capital de la RCA, la película contó con un equipo formado en talleres locales y actores no profesionales, incluyendo soldados auténticos que aportaron realismo a las escenas. La producción, realizada en coproducción con cuatro países y liderada por Makongo Films, busca cambiar la percepción sobre los refugiados y mostrar esperanza pese a la adversidad.
Contrapuesto a esta osadía, “Ben’Imana” surge de una larga trayectoria de Dusabejambo, quien durante años desarrolló esta película sobre las secuelas del genocidio en Ruanda. La producción del filme implicó la participación en diversos laboratorios internacionales como La Fabrique Cinéma en Cannes y el Marrakech Film Festival. Esta es la primera ocasión que un largometraje ruandés se presenta oficialmente en Cannes, consolidando el reconocimiento de esta joven cineasta en la escena global.
Ambos estrenos representan no solo un avance para los cineastas de sus países, sino también para el cine africano independiente en general, que desde hace tiempo busca plataformas que difundan narrativas propias alejadas de estereotipos. La presencia de estas obras en un festival de la talla de Cannes destaca la importancia de las historias locales y el valor de la autogestión en contextos desafiantes.
