El mercado audiovisual experimenta una transformación marcada por el auge de películas de terror independientes con pocos recursos que atraen a un público joven y entusiasta. Los recientes éxitos de 'Obsession' y 'Backrooms' han superado en taquilla a estrenos veraniegos de grandes franquicias como 'He-Man y los Masters del Universo' y 'Supergirl', generando un cambio significativo en la preferencia del espectador.
Detrás de este fenómeno se encuentran dos cineastas emergentes, Curry Barker y Kane Parsons, veinteañeros que provienen del mundo digital y conectan directamente con las nuevas generaciones. Su lenguaje visual y narrativo, nacido en Internet, revitaliza el género del horror con un espíritu underground que difiere radicalmente de las megaproducciones de superhéroes que han perdido frescura.
La clave del éxito reside en la capacidad del cine de terror para reinventarse con presupuestos limitados, integrando elementos de leyendas urbanas y fenómenos virales conocidos como «creepypastas». Este vínculo con la cultura digital alimenta la experimentación y el riesgo en el género, provocando un efecto inmediato de miedo y fascinación entre los espectadores en las salas. La viralidad que define el origen de estas historias amplifica su impacto, posicionándolas como nuevas favoritas del público joven.
Este giro representa una tendencia que podría modificar la hegemonía audiovisual, evidenciando cómo formatos más pequeños y alcances digitales afines al público juvenil pueden competir con producciones millonarias. El cine viral no solo supone un cambio en el modelo económico sino también en la forma en que se cuentan y distribuyen las historias de terror.
