El Festival de Cine Alemán alcanzó su edición número 25 con una propuesta que invita a imaginar el futuro desde la desobediencia y la sensibilidad, y no desde el miedo. Este evento cinematográfico se llevó a cabo del 24 de septiembre al 3 de octubre, reuniendo en México una variada muestra de producciones recientes de Alemania, además de propuestas de cine mexicano contemporáneo que dialogan con las temáticas del festival.

El eje curatorial, denominado Futuros Desobedientes, plantea que el cine puede ser una herramienta para cuestionar las narrativas dominantes que suelen mostrar el futuro como un destino inmutable. La selección incluyó películas que exploran el futuro a partir de aspectos cotidianos como la memoria, la identidad, el territorio, el amor y el cuidado, promoviendo una resistencia sensible frente a estructuras de poder, crisis climáticas y fragmentación social.

Este aniversario tiene un significado especial porque coincide con los 60 años del Goethe-Institut Mexiko, institución responsable de fomentar el intercambio cultural entre México y Alemania. La directora general del instituto destacó cómo el festival se ha consolidado como un espacio fundamental para abrir conversaciones que impulsan la transformación social a través del arte y la diversidad de miradas.

Además, en esta edición se celebró la tercera entrega de los Premios Kino, que fortalecen el vínculo entre las industrias cinematográficas de ambos países. El Premio al Mejor Largometraje Alemán, patrocinado por Merck Group, otorgó una residencia creativa en Ciudad de México para el equipo ganador durante 2027. En paralelo, el Premio al Mejor Cortometraje Mexicano, organizado con el Instituto Mexicano de Cinematografía y apoyado por la Embajada de Alemania, ofreció una acreditación completa para que el ganador participe en un festival de cine alemán, incluyendo vuelo, hospedaje y alimentación.

Estos reconocimientos no solo destacan las obras premiadas, sino que fomentan la circulación cultural, el diálogo profesional y las nuevas colaboraciones entre comunidad cinematográficas mexicanas y alemanas. La identidad visual del festival, con un espíritu punk, se reflejó en el cartel diseñado por Mónica Loya, que acompañó este encuentro binacional durante sus diez días.