Yervant Gianikian falleció en Milán a los 84 años, dejando un legado fundamental en el cine experimental que redefinió la relación entre las imágenes de archivo y la narración cinematográfica. Junto a su esposa y colaboradora Angela Ricci Lucchi, desarrolló un lenguaje visual único que convirtió la revisión histórica en una herramienta crítica para cuestionar el presente.
Nacido en Merano en 1942 en una familia de origen armenio, Gianikian canalizó la memoria colectiva y personal en su obra. Su padre había sobrevivido al genocidio armenio al refugiarse en Italia, un contexto que marcó la sensibilidad del cineasta hacia temas como la guerra, el colonialismo y la violencia del siglo XX. Tras estudiar Arquitectura en Venecia, comenzó a experimentar con el cine en la década de 1970, creando junto a Ricci Lucchi un método de refilmación de material de archivo que caracterizó su estilo: ralentizaciones, ampliaciones y manipulación cromática para dotar a las imágenes de nuevas capas de significado.
Su impacto artístico trascendió las fronteras del cine experimental y el documental, exhibiéndose en espacios destacados como el Museum of Modern Art de Nueva York, el Jeu de Paume en París y la Tate Modern de Londres. Entre sus trabajos más emblemáticos se encuentran Del polo al ecuador, Prisioneros de guerra y Los diarios de Angela – Nosotros dos, cineastas, una filmografía que explora la memoria histórica y la construcción del pasado desde perspectivas poco convencionales.
En 2015, Gianikian y Ricci Lucchi recibieron el premio de la Fédération Internationale des Archives du Film (FIAF) por su labor en la valorización y reinterpretación del patrimonio cinematográfico. Su vinculación con la Bienal de Venecia fue especialmente significativa, participando en varias ediciones y siendo galardonados juntos con el prestigioso León de Oro por el Pabellón de Armenia en la Exposición Internacional de Arte de 2015. La institución destacó la originalidad de su obra y lamentó profundamente su partida.
La creatividad de Gianikian no solo se manifestó en la imagen sino también en propuestas innovadoras como sus «películas perfumadas», que integraban aromas durante la proyección para generar experiencias sensoriales completas. Sus trabajos combinan técnica y crítica histórica, y su legado continúa inspirando a generaciones que buscan cuestionar y reimaginar el pasado a través del arte audiovisual.
