Mother Mary relata la historia de una estrella del pop que, cansada del brillo superficial de su carrera, busca reconciliarse con su antigua estilista para encargar un vestido. Esta premisa, que podría explorar temas profundos sobre fama y remordimiento, termina atrapada en un guion excesivamente elaborado que impide que los personajes resulten auténticos y creíbles.

La película se desarrolla mayormente en un único escenario, un gran granero transformado en estudio por la estilista, lo que genera una sensación teatral y algo claustrofóbica. Si bien esta ambientación limitada podría impulsar la intensidad dramática, el diálogo circular y las largas conversaciones entre los personajes terminan por agotar al espectador, haciendo que la duración cerca de dos horas se sienta pesada.

En cuanto a aspectos técnicos, el vestuario destaca como un punto fuerte, presentando diseños cuidados que reflejan la conexión entre moda y música pop. Los números musicales son visualmente atractivos, pero su integración con la narrativa resulta superficial y poco funcional, limitándose a momentos decorativos sin aportar al desarrollo de la historia. En el elenco, Anne Hathaway ofrece una actuación correcta, pero su labor se ve mermada por la rigidez del texto. Michaela Coel aporta un contrapunto interesante como la estilista Sam, pero también su personaje queda encasillado en un conflicto sin evolución clara.

Mother Mary se presenta inicialmente como un thriller psicológico, sin embargo, carece del dinamismo y tensión que este género requiere. El verdadero conflicto entre los personajes se percibe, pero no se explora suficientemente en la trama, que se centra en recrear debates y tensiones del pasado sin avanzar hacia una resolución convincente. La película provoca más frustración por su guion que emoción o reflexión.