A pesar de los frecuentes apagones y la alta marea que afectan a Cuba, el Festival del Cine Pobre en Gibara se prepara para su inauguración mientras el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) impulsa múltiples proyectos audiovisuales en plena crisis energética. La resiliencia se refleja tanto en la producción de cine como en las estrategias para sostener la actividad cultural.
El ICAIC desarrolla simultáneamente tres rodajes —dos de ficción y un documental— y prepara el estreno de tres nuevas películas. Además, promueve la recuperación del Cine Móvil y de la realización de documentales en todo el país. Este esfuerzo incluye la mayor exportación de restauraciones cinematográficas de la última década hacia Colombia, México e Italia.
Para garantizar el acceso al cine, pese a la irregularidad en el suministro eléctrico, las principales salas mantienen su programación cuando cuentan con electricidad. En este verano, además, se ofrecen proyecciones al aire libre y retransmisiones del Mundial de Fútbol para quienes no disponen de energía en sus hogares, un ejemplo claro del compromiso cultural frente a las dificultades materiales.
El ICAIC también lanza una serie web, «Tumba Cata’o», que retrata las luchas y soluciones de sus trabajadores ante las limitaciones actuales. Paralelamente, transforma su estructura para funcionar como pequeñas y medianas empresas estatales, en sintonía con los cambios en más de setenta productoras independientes cubanas.
Entre las reformas para afrontar la crisis energética destaca el cambio de matriz hacia la energía solar en el edificio central del ICAIC. Asimismo, ha comenzado la adquisición de vehículos eléctricos y ha establecido alianzas con productoras independientes y otras formas de gestión no estatal para mantener la cadena productiva y asegurar el suministro energético con fuentes alternativas.
El Festival del Cine Pobre sumará así a la oferta cultural propuestas para mantener vivo el cine y apoyar a quienes siguen amando y creando cine en condiciones adversas. Gibara se convierte en un símbolo de resistencia y crecimiento cultural en tiempos complejos.
