El viejo cine Presidente, inaugurado en 1955, marcó una época en el corazón de Guayaquil como una de las salas más reconocidas para el público cinéfilo local. Andrés Crespo, actor ecuatoriano, recordó en una entrevista cómo vivió su niñez y juventud cerca de este espacio cultural, situado entre las calles Pedro Moncayo y Vélez, áreas donde también vivía su abuela.
A lo largo de décadas, el cine Presidente proyectó una variedad de películas clásicas, pero con el tiempo su función cambió radicalmente. Durante los últimos años antes de cerrar, se convirtió en un lugar dedicado a la exhibición de películas para adultos, un reflejo del cambio social y tecnológico que vivió la ciudad. Crespo recordó que asistía a estas sesiones solo y describió la experiencia de la época, en la que las proyecciones incluso alentaban conductas como la masturbación pública y provocaban la creatividad de los jóvenes para idear maneras particulares de vivir esos espacios.
La última función del cine Presidente ocurrió en 2017, fecha en que cesó su actividad como sala cinematográfica. Posteriormente, el edificio fue reconvertido en un lugar de culto religioso, símbolo de la transformación urbana y cultural del centro de Guayaquil. Crespo también apuntó que la llegada de nuevas tecnologías, como el Betamax, el DVD y después los teléfonos celulares, desplazaron el interés por los cines tradicionales al ofrecer entretenimiento a domicilio.
Este cambio tecnológico alteró la dinámica social que existía alrededor del cine de barrio, que no solo era un espacio para ver películas, sino un punto de encuentro cultural con propias reglas y memorias urbanas. La experiencia de asistente a estos cines y los relatos que constructores de la memoria urbana como Crespo aportan, permiten comprender mejor cómo el progreso y la modernización influyeron en la pérdida de espacios culturales históricos en Guayaquil.