En el corazón de un jardín botánico en Alemania, un antiguo ginkgo biloba sirve como hilo conductor de tres historias que se desarrollan en diferentes momentos del siglo XX y XXI. La película de Ildikó Enyedi plantea la idea de que los árboles y las plantas establecen vínculos silenciosos que pueden transformar a las personas, invitando a la audiencia a reconsiderar la forma en que se relaciona con el entorno natural.
El filme mezcla elementos propios del cine de autor y el cine experimental para generar una narrativa contemplativa que enfatiza la sensibilidad hacia el mundo vegetal. A través de la mirada de un neurocientífico de Hong Kong en 2020, de un estudiante de 1972 y de la primera mujer universitaria que aborda la naturaleza mediante la fotografía en 1908, la historia destaca momentos íntimos de cambio personal y descubrimiento.
Además de desarrollar un relato poético, la directora ofrece una perspectiva no androcéntrica que rompe con las estructuras tradicionales del melodrama, reflejando la conexión emocional de sus personajes con las plantas y el respeto por los ciclos naturales. El contexto histórico, desde la Alemania medieval hasta el presente, enriquece la atmósfera cargada de simbolismo de la cinta.
Entre el reparto sobresale Tony Leung Chiu-wai como el neurocientífico que introduce una dimensión científica al diálogo con la naturaleza, aunque algunos críticos señalan un sesgo hacia el academicismo en ese episodio específico. Completan el elenco Léa Seydoux y Luna Wedler, quienes aportan matices a los relatos que exploran la comunicación entre humanos y vegetación.
Con más de dos horas de duración, esta producción internacional de Alemania, Hungría, Francia y China se estrena próximamente, posicionándose como una obra que desafía la percepción usual sobre la relación entre las personas y su entorno natural, proponiendo un canal de comunicación menos convencional pero igualmente profundo.
