No todas las producciones televisivas necesitan un guion impecable para entretener, aunque existe una diferencia clara entre una historia sencilla y otra mal construida. Varias series apelan a su carisma, estética o impacto para mantener a la audiencia, incluso cuando sus tramas presentan incoherencias o soluciones fáciles que evidencian una escritura deficiente.
Por ejemplo, Lucifer combina casos policiales episódicos con una trama centrada en su personaje principal, el Diablo que abandona el Infierno para vivir en Los Ángeles. Sin embargo, sus investigaciones suelen repetirse y las decisiones de los personajes parecen diseñadas para servir a cada capítulo sin respetar la lógica interna de la serie. Esto genera que el guion parezca dar vueltas sin avanzar realmente, y que los arcos emocionales pierdan fuerza.
Por otro lado, Euphoria destacó por su estética visual y las actuaciones, pero su narrativa muestra falta de cohesión. Sigue a una adolescente con problemas de drogadicción y relaciones tumultuosas, aunque sus tramas se sostienen más por la ambición y el impacto que generan que por una construcción sólida. Los episodios funcionan en lo individual, pero cuando se analiza la serie en conjunto, se revela que muchas decisiones favorecen la apariencia y la emoción sobre la lógica del guion.